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GENTE DE COLOR, DE TODOS LOS COLORES, TENEMOS CORAZONES

CANdia

Ser, estar y hacer

Febrero 9, 2022

Foto: Anton Capellman. 2019 Berlín, Alemania


—Soy blanca. Dijo la estudiante.

—Soy de color. Continúo otro de los chicos.


Tal parece que ponerse de acuerdo en cómo referirnos a nuestra identidad tomará mucho más tiempo del que ya la historia ha recorrido. En el mes de febrero, se ha dado lugar para conmemorar a las personas de origen afro que como característica principal tienen su piel oscura; sin embargo, es/era/tal vez, será común referirse a esta comunidad como gente negra. Sin embargo, cuando escucho decir, un color determinado como: blanco o negro, al referirse a una persona, de inmediato miro la pizarra rectangular colgada en la pared también de color blanco y no, no veo ese color en la piel de la persona que se autocalifica con este color; o por el contrario, cuando se refiere así mismo por el color negro, miro el marco de la computadora, los zapatos de algunas personas o el marcador en mi mano con el que escribo la lección del día y no, tampoco veo ese color en la piel de nadie.


Lo cierto es que a lo largo de la historia aquellas personas que por su origen tienen piel oscura y malamente han sido nombradas, categorizadas, clasificadas e incluso señaladas y castigadas por el color de su piel como negreas, han sufrido y enfrentado desafíos inhumanos. Muchos de ellos dieron cara a la adversidad y la pasaron muy mal; pagando con encarcelamiento, censura, castigo físico, hasta también la muerte; sin embargo, su valor, coraje y determinación fueron parteaguas para que hoy personas del mismo origen tengan más y mejores oportunidades. Lamentablemente, el prejuicio no termina aún. Seguimos viendo enormes diferencias de injusticia o justicia cuando una persona caucásica -y no blanca como se suele decir- recibe una condena mucho más simple, corta o irracional por el mismo delito que comete una persona de color -y en la palabra color también se incluye a todas aquellas personas de distintas nacionalidades o razas-. Seguimos refiriéndonos a las personas por su origen, pero ¿no somos acaso todos humanos?


Hace un año, al subir al autobús para ir a trabajar, durante todo el mes de febrero, se veía en uno de los asientos una rosa con la foto de Rosa Parks, activista afroamericana, figura importante del movimiento por los derechos civiles en los Estados Unidos. El 1 de diciembre de 1955 fue arrestada en Montgomery, Alabama, por negarse a ir a la parte trasera del autobús y ceder su lugar a una persona categorizada con el privilegio de ser de mejor clase. Rosa Louise McCauley Parks tuvo que pasar por la cárcel para que hoy otros puedan sentarse a lo largo y ancho de un autobús sin importar el color de su piel. Hoy, todas las personas tienen el derecho de ser tratadas con cortesía al viajar a sus destinos. A ella le valió varios reconocimientos tras lograr sus objetivos, pero, en su momento, su misma comunidad embargada por el miedo, la marginó también. Nunca se rindió.


A propósito del tema que hoy por hoy me apasiona, el legendario boxeador Muhammad Ali, también dio pelea debajo de los encordados. Tras rechazar su obligación de ir a la guerra de Vietnam, Ali tuvo que estar suspendido del negocio de la bofetada rentada sin contar con la licencia que le permitía ejercer su profesión y, durante todo este tiempo, tuvo que enfrentar el proceso legal que se imputara por su decisión. A pesar de haber sido una figura social de enorme influencia en la política, las luchas sociales y humanitarias a favor de los afroamericanos y del islam, no siempre apoyó a las mujeres de su raza en el tema de boxeo. Su propia hija Laila Ali, tuvo que forjarse su lugar y nombre en el boxeo femenil sin el apoyo de su padre Cassius Clay quien terminara sus días bajo el nombre de Muhammad Ali.


Laila Ali, también ha sido activista por los derechos de la comunidad afroamericana. Terminó una carrera invicta en el ensogado y más tarde se dedicó a la actuación; así como, a ser presentadora de televisión. Su influencia en los medios de comunicación por su carrera como púgil, le ha permitido ser ejemplo para otras nuevas jóvenes generaciones que han visto en ella una influencia positiva para seguir los sueños en el difícil mundo del boxeo. Durante su carrera en el arte de fistiana Laila, tuvo que sobreponerse al nombre de su padre por la adversidad que enfrentaba al no tener el apoyo de él. Al tiempo, su desempeño, le otorgó el lugar que había acuñado no solo como atleta, sino también, por el hecho de ser una mujer de color. Ella sería de las primeras boxeadoras que buscara la equidad para que hubiera más presencia en los cuadriláteros para las mujeres.


Otra figura del boxeo que también enfrentó adversidades por su color de piel u origen religioso y de raza fue Johann Wilhelm “Rukeli” Trollman, quien padeciera las inclemencias del holocausto nazi por ser de origen judío-gitano y, a pesar de ser un excelente púgil, la política racista del régimen nazi lo desposeyó de su título alemán en la división de los semipesados en 1933 y, después de años de tortura y aislamiento, el Raj dio la orden de terminar con su vida 10 años después en el campo de concentración de Neuengamme. Hoy hay un centro recreativo en Berlín, Alemania que tiene una de sus fotografías en el portal de entrada, lugar donde la comunidad LGTBQ ha encontrado un lugar seguro para entrenar boxeo.


Arthur John Johnson más conocido como Jack Johnson “El Gigante de Galveston” dijo: “Soy negro: nunca me dejaron olvidarlo (…), nunca dejaré que lo olviden”. Probablemente el mejor peso pesado de su generación. Él también tuvo que dar pelea lejos del cuadrilátero por su origen afroamericano. Le fue imputado un delito inexistente. En 1902 se convirtió en el Campeón Mundial Negro (así lo reconocieron) de los pesos pesados y cinco años más tarde en dos asaltos había noqueado a Bob Fiztsimmons. En el Sur de los Estados Unidos el Ku Klux Klan actuaba con total impunidad, por lo que cualquier acción que se consideraba ‘inconveniente’ hecha por una persona de color, terminaba linchado por este grupo. Tras quererle quitar su título para que la ‘Esperanza blanca’ reinara en la categoría de los pesados y no conseguirlo, ante ganarle a Jim Jeffries por K.O.T. Johnson fue acusado de proxeneta usando a su propia esposa como víctima de este delito, aunque ella nunca testificara en su contra. Tuvo que huir a Europa. A pesar de todo lo que hizo para evitar la injusticia, en 1920 al regresar a Estados Unidos paso por prisión. La noche de su muerte, le fue negado el servicio en un restaurante por su color de piel; furioso, tomó una carretera peligrosa perdiendo la vida al acelerar a fondo el pedal del acelerador.


La lista es cada vez más larga de todos los representantes de la comunidad afroamericana que día a día luchan hombro con hombro, mano a mano por la igualdad, la inclusión, el respeto y la dignificación de su raza, de su gente. Sin embargo, todas las razas y todos los colores han pasado por esta condición ante la mala idea de que el color pálido de una persona representa poder, refinamiento, privilegio y autoridad. Al final, color tenemos todos, más claro u oscuro, pero es un color, es un tono, es un matiz, nada más. Lo que en verdad importa es que todos tenemos un corazón que late, que vibra, que es lo que hace que la raza a la que pertenecemos sea una: la humanidad, la raza humana, que podrá ser verdadera cuando entandamos que la gente de color es la gente de todos los colores, todos. Que lo que en verdad debemos poner en marcha es la solidaridad, el respeto, la comprensión, la compasión, la libertad, la coherencia, la compatibilidad y el derecho a ser, estar y hacer lo que soñamos, anhelamos y trabajamos honradamente por ello.


La próxima vez que alguien me pregunté —¿Qué raza eres? Contestaré —Soy gente de color, de todos los colores, de esos que tenemos corazones, esos que, de raza, somos de la raza humana.


Recuerda, tú, yo, ellos, nosotros, todos somos gente de color, de todos los colores, tenemos corazones.

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